La música, sus géneros y estilos: evolución histórica

Columnas  ·  4 May, 2016  ·  por

Es complicado cuando se empieza a hablar de estilos musicales. Ese encasillamiento, opino, no le ha hecho bien a la música. Primero, porque no siempre fue así, y segundo, porque ya no estamos para estilos.

Pensemos, por ejemplo, en la antigua Música Africana, esa que se daba en la intemperie, sólo en base a ritmos y haciendo sonar prácticamente lo que hubiere. Vibraciones auditivas en su máxima expresión. La religión luego hizo que la clasificación fuese sencilla: o es Sacra o no. O en la Música Clásica. Ésta era en realidad una música altamente elitista, de la cual un muy reducido grupo de la población tenía acceso. Algunos poderosos las hacían de mecenas, ‘adoptando’ a genios musicales, haciéndolos incluso vivir en sus palacios. O pensemos en el Blues, música profundamente lúgubre, propia del afroamericano que entristecido tenía que trabajar bajo el yugo racista de los blancos. Extrañando sus tierras. Su gente. El Punk, como una manifestación juvenil descontenta con un contexto autoritario principalmente en Europa. El Rock and Roll, música profundamente blanca, con ritmos muy marcados, compases de 4/4 y siempre acompañados de una guitarra eléctrica. O la música Disco, que hacía bailar a homosexuales y negros en determinados lugares, a salvo de los locales en su mayoría rockeros donde no podían ingresar por ser lo que eran. O la Trova, como una manifestación profundamente política que para hacer más potente su mensaje, se fusionó con la poesía. O el Hip-Hop, el Reggae, la Cueca, el Corrido Mexicano o la Milonga… cada uno de ellos fue, para bien o para mal, reflejo de algún evento sociocultural. Eran géneros musicales.

Como rara vez un proceso es 100% lineal, mientras se seguían creando géneros musicales, la Radio hizo incursión en los hogares de gran parte del mundo. Esta permitió a la gente, en dicha época, vivir mucho más informados y conocer un abanico musical mucho más grande, y por ende, a ser influenciados por géneros que distaban de sus propias experiencias sociales. De una manera casi sistemática es que los géneros musicales mutaron en estilos musicales, pues quedaron de lado los eventos históricos, quedando sólo una clasificación mercantilista.

Fue desde la consolidación de la radio y posteriormente de la televisión es que sobre la música hay una gran máquina económica que busca rentabilizar al máximo. Incluso surgieron los rankings para sondear qué canción es la que debe escucharse más pues vende más. Éstos eran creados o por los mismos sellos discográficos, estaciones de radio o por revistas especializadas. El juego es el siguiente: un artista exitoso creaba un tema pegajoso y éste entraba a un top ten. Surge entonces el Pop, como una clasificación alternativa pero muy poderosa de la música, pues cualquier estilo puede ser popular, dependiendo del grado de marketing que esté detrás. Los estilos, en cambio, se arraigaron fuertemente. Bajo el yugo de MTV, pasó a ser casi impositivo el que uno se auto clasifique, so pena de ser considerado ‘posero’. O ‘rarito’. ¡Qué época más obscura!

Pero hoy las cosas son bastante diferentes. Llegó Internet, que ayudó a masificar aún más la música. Y con ello, grandes bases de datos buscan organizarlo todo. Last. Spotify. Itunes. Y buscan mantener la hegemonía de los estilos… pero la capacidad de escuchar cualquier música hizo que cambiase todo. ¿Qué es lo diferente de todo esto? Que junto con Internet, llegaron nuevas herramientas con las cuales es muchísimo más fácil incursionar en la música. Generar nuevo material y mostrarlo. Y desde ahí, mutar los estilos musicales. Uno agarra una guitarra de palo, otro un sintetizador. Otro un chelo. Otro un sitar… lo que sea. Y resulta bastante bonito eso, si uno se detiene a pensarlo. Cada uno busca y crea el sonido que a uno le mueve. Con el compás de aquí, con el ritmo de allá. Con los instrumentos a mano. Y lo comparte. Y se generan redes. Se da entonces que es una muy nueva época, donde prácticamente todo puede fusionarse con todo. La descontextualización es total.

Pienso, por ejemplo, en Chilly Gonzales, un pianista canadiense que siendo un excelente candidato para hacer prevalecer la música clásica, se inmiscuye en música electrónica con total plenitud… ¡incluso ha rapeado en algunos temas! O en Cecilé, un italiano que en tiempos de Myspace tuvo su fama por tomar lo que hacía Justice y fusionarlo con… clavicordios digitales. O el hiperactivo Thom Yorke ¿Alguien podría tomar toda su carrera y clasificarlo en algún estilo? Complicado. Pienso en la carrera de Bowie, o de Jorge González. ¿De qué sirve realmente pensar la música desde los estilos musicales?

Gracias a Internet es que a los sellos, a las revistas (ahora digitales) y a las grandes bases de datos les resulta cada vez más difícil clasificarnos. Porque les cuesta clasificar la música. Los estilos están llegando a un punto de fusión que escapa de cualquier etiqueta. Están virtualmente obsoletos.

Estos tiempos llaman a fusionar sonidos, pero siempre reflexionando todo lo que hemos pasado. A canalizar nuestros procesos creativos de absolutamente cualquier manera. Todos hemos tenido experiencias de vidas distintas, y por ende gustos musicales distintos. Hay que crear todo. Sin pensar en qué estilo, sino qué quiero hacer. Porque a pesar de que la música ha reflejado a la humanidad entera, siempre tuvo un valor propio: ese que dan nuestros propios cerebros. Esto me gusta. Esto no. Los géneros fueron reflejo de la historia. Los estilos, de una época. Hoy sólo existe música.

Imagen: Keith Haring.