Ty Segall: El Asaltante Sentimental

Columnas  ·  26 Abr, 2016  ·  por

La primera vez que escuché con detención la discografía de Ty Segall y analizar un poco su videografía y sus opiniones dije “Vaya, este tipo está atrapado en una cápsula del tiempo… O más bien en un extraño viaje luego de la descongelación” Pantalones “pata de elefante”, abrigos a lo Fleetwood Mac, y ese humo espeso detrás de lo que pareciese ser un oloroso y glorioso reencuentro de múltiples confines fue la sensación que me dejó el aletear lisérgico de su aura, el aura de un choque generacional que no quiso quedar fuera de la rola y la paranoia.

Pues es difícil no querer formar parte de aquel refugio anti bombas enterrado a principios de los 70’s cuando pareciese que lo más probable es que Marc Bolan y Mick Ronson se hubiesen puesto de acuerdo para poseerle de forma indefinida. Y si a eso le sumamos el ser un tremendo instrumentista y tener la fuerza de un viejo estandarte para componer cada 5 minutos una canción, nos da como resultado una discografía muy entretenida y sobresaliente (Más de 13 álbumes en 9 años editados hasta la fecha). Una carrera llena de matices, caminante de affaires por la constelación de Orpheus. Muy cierto es también que la mayoría de su material firmado en Drag City y otros sellos ha sido producido por él mismo.

Pero no sólo su proyecto homónimo queda echando humito en la parrilla, sino que también se salta la verja corriendo para hacer “cositas” con los vecinos. Le estropeó la pintura a “White Fence”, le mandó a sacar los demonios melancólicos a Mikal Cronin (actual bajista), se hizo el guapo con Wand y frescamente le subió el volumen a Fuzz consiguiendo salir victorioso (eso por mencionar algunos proyectos)

Es un tipo lleno de historias, no deja que nadie se le pase, es un expedicionario muy ávido. Pues da la impresión que como el viajero del tiempo que es, todo lo que le pueda recordar a su hogar ancestral le sirve para estar un poco más a tono en este manicomio de la modernidad. Es un asaltante, pero un asaltante sentimental y amable.

“Emotional Mugger” su último proyecto lanzado en Enero de este año como “Ty Segall & The Muggers” (Kyle Thomas, Mikal Cronin, Emmet Kelly, Cori Hanson) va de cierta forma un poco de eso. Cada canción es una historia de desenfreno carnal barato, un cabronazo llorón. Dando por saco como un crío, jugando a lo desconocido, a lo bizarro y absurdo. Pero a pesar de su característica jovialidad, hay una crítica social, hay una mirada de desdén y un cierto guiño de asco por el modelo neo liberal vigente.

Si bien en este último trabajo ha sabido mantener su temática característica de compositor de rock psicodélico y rock acústico, ha dado un paso más allá y se ha atrevido a incursionar en la problemática de usar la música y la rítmica como una herramienta de impresión cerebral, como una extensión de su mente. (“Squealer” y “Mandy Cream”) Ahora, si lo comparamos con Manipulator (Drag City 2014), en términos musicales y compositivos no se le parece en absoluto, excepto el sello personal y la dinámica característica de su presencia. En vivo es otra historia y podemos hacer un paralelo, ya que el show de Manipulator Band resultó ser bastante vacío y falto de energía. Ahí, pues claramente hay una mejora sustancial ya que su se siente más “redondito… más pulidito” más grueso y al choque (literalmente) Y lo dejó muy claro en su más reciente aparición en KEXP.

En la generalidad, su sonido no es fácil de digerir, pero tampoco -y muy lejos de querer serlo- pretende ser desagradable, y tiene una tónica muy interesante. Para mi gusto personal -muy respetuoso de no querer hacer una “crítica”- va muy de la mano de “Ty Rex” EP que lanzó a fines del pasado año 2015 en que incluyó varios covers de T. Rex, provocando a más de uno una sonrisa y una insospechada exclamación de ¡Lo sabía, maldito!

¿A qué huele Ty Garrett (Sloppo) Segall? a Ludwid Acrolite, a Fender Mustang, a Fuzzface, a cintas viejas, a cuero, a tubos, óxido y a colonia Flaño.